Una Escuela con el Carisma de las Esclavas del Corazón de Jesús, Argentinas

Madre Catalina de María Rodríguez, fundadora de las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús, con su vida y obra marcó el estilo y la impronta de nuestros colegios.

El Carisma de la Congregación de las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús compromete a Hermanas y Laicos a enfocar su vida, objetivos, acciones, programas en la línea del Amor Misericordioso y Reparador del Corazón de Jesús que, según las enseñanzas de los Fundadores, puede expresarse en las siguientes palabras:

“Miren a sus alumnas como la porción de la viña que el Señor les ha confiado para cultivarla; hagan pues, lo posible para que ellas salgan santas y dediquen todas sus fuerzas a conseguir este grandioso fin”.[1]

“Formen esos tiernos corazones al molde de ese Divino Corazón”[2].

Esto nos exige una Pedagogía Reparadora, caracterizada por una pedagogía de la presencia acogedora que mira, busca, intuye, es compasiva. Es un camino de paciencia, de siembra a largo plazo.

La gran Misión que asume la familia de Madre Catalina llama a[3]:

Reparar mirando: Saber de uno mismo y atender para comprender qué pasa en nuestro alrededor, es decir aprender a mirar la realidad de nuestros alumnos porque en la mirada se descubren los deseos profundos del corazón, las tensiones, las intensiones, las motivaciones. Mirar desde el Corazón de Cristo significa mirar intentando, con esperanza en la persona.

Reparar sintiendo: es necesario «sentir» para poder compadecernos. Esto implica compartir la pasión por nuestros alumnos, sus tristezas, sus alegrías, sus soledades, sus angustias, sus miserias, estar dispuestos a sentir con los sentimientos de Jesús, despojándonos internamente para poder salir al encuentro de ellos.

Reparar poniéndose al lado: para esto hace falta el despojo, para salir con el corazón al encuentro de nuestros alumnos sin esperar que ellos vengan. Es decir asumiendo al otro como es, con su familia, su cultura, su lenguaje, con sus esperanzas o sus tristezas.

Reparar prefiriendo la miseria: podemos reparar porque somos reparados primero. Dios prefirió nuestra miseria; como educadores curamos a nuestros alumnos, dejándonos amar primero por Dios.

Reparar haciéndose cargo: implica ayudar a llevar las cargas de nuestros alumnos. Nos hacemos cargo de ellos, cuando servimos, cuando compartimos los sufrimientos, cuando promovemos con ternura la dignidad de los otros, cuando defendemos sus derechos, cuando los animamos a asumir sus deberes.

Reparar dando gratuitamente: teniendo la experiencia del amor gratuito de Dios, amar a nuestros alumnos tomando la iniciativa, ir al encuentro de sus necesidades, ser creativos en el amor.

Reparar con esperanza: creer en la presencia de Dios en la historia nos lleva a creer que las cosas tienen remedio… Los caminos no están todos cerrados para nadie, nuestra espiritualidad de la reparación quiere centrar su vivencia cristiana en un estilo de caminar que demuestre que hay posibles caminos de salida. Se trata entonces de Animar, de potenciar la vida en nuestros alumnos confiando en que cada uno en lo profundo de sus ser busca a Dios, la Felicidad. Animar es dejar que la persona saque de sí lo mejor, es acompañar la vida de nuestros alumnos, es consolar. Animar es la actitud de quien cree que siempre hay remedio.

Reparar haciendo: nuestro camino como educadores se despliega en un hacer, que desemboca en la conciencia de un llamado. Llamado que experimentamos en lo más íntimo de nuestro corazón que nos hace sentir que realmente desde nuestra pequeñez hay mucho por hacer. La tarea educadora implica un trabajo de siembra, de aliento de confianza, implica poner la vida, abrirle camino, alentándola donde se encuentra debilitada, sembrándola donde parece ausente. La acción reparadora supone el discernimiento, el compromiso y la responsabilidad como educadores.

[1] Cf. Reglamento General de Nuestro Padre David Luque para los Colegios; Cf. Const. Art. 76 y 78; Cf. Directorio Nº 2 y 3

[2]Constituciones y Directorio de las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús (argentinas)1995 Constituciones.. Introducción inciso d. Colegios. Pág. 41

[3]Cf. Llach, María Josefina, (a.c.i.) Reparar el corazón.1° Edición. Lumen. Buenos Aires, 2003

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